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La Calzada de las Brujas

La Calzada de las Brujas

El Misterio de la Calzada de las Brujas: Una Historia que Desafía la Razón

Entre los antiguos terrenos de la Hacienda de Coapa, se encuentra una calle cuyo nombre evoca leyendas que han persistido por generaciones: la Calzada de las Brujas. Lo que comenzó como una simple conversación entre ancianos, originarios de Santa Úrsula Coapa, con familias asentadas en la zona por generaciones, recordando sus días de juventud, se transformó en un relato inquietante que mezcla lo sobrenatural con la cotidianidad de un pueblo que vivía entre sombras y luces misteriosas.

Un Viaje al Pasado

En una tarde tranquila, el Sr. Francisco Limón Vadillo, el Sr. Mariano Martínez y un ejidatario anónimo compartieron sus recuerdos sobre algunos mitos y leyendas de Coapa, como el origen del nombre de la Calzada de las Brujas. Sus palabras, cargadas de nostalgia y un dejo de temor, pintaron un cuadro vívido de un tiempo en el que lo inexplicable era parte de la vida diaria.

“…El Nahual, que se metía a las casas, pero era un muchacho disfrazado”, comenzó el Sr. Limón, refiriéndose a las historias que se contaban para asustar a los niños y mantenerlos en casa al anochecer. “Nos espantaban con eso, que las brujas que se chupaban a los niños, las brujas que les chupan la sangre”, añadió, recordando cómo estas leyendas servían para controlar a los más jóvenes. El Ejidatario respondió que era una forma de mantenerlos en casa y no llegarán tarde: Porque antes uno no podía llegar a su casa tarde, porque lo espantaban a uno, “ándale síguele de andariego y te va a salir el Nahual o te va a salir la Llorona, las brujas”.

Pero no todo era ficción. El ejidatario interrumpió con una historia que hizo que el ambiente se volviera más denso: “Lo de las brujas sí era cierto”. Según él, en la Calzada Guadalupe, (antiguos terrenos de la Hacienda de Coapa), había una hilera de pinos altísimos. ¿se acuerda usted que, en tierra nueva, había unos pinos muy largos, que era una hilera grandotota de pinos? “Ahí se veían unas luces de este tamaño, grandototas, de lumbre y jugueteaban arriba de los árboles”, describió con detalle. Estas luces, que aparecían y desaparecían, eran vistas por los habitantes del lugar como un fenómeno inexplicable. “Cuando pasaba un carro por ahí, se apagaban las luces. Ya cuando se iba el carro, otra vez empezaban y ya después de una hora, hora y media, 2 horas, se empezaban a ir para el Ajusco, eso sí es verdad, porque yo lo vi, por eso le pusieron la calle de las brujas, pero eran unas bolas de este tamaño, jugueteaban arriba de los árboles… y eso sí lo vi porque estaba chamaco, siempre mi mamá, “ya métase, tenía miedo”, relató, como si aún pudiera verlas en su mente.

 Las Luces que Desafiaban la Lógica

Las bolas de fuego, según los testimonios, no eran un evento aislado. Ocurrían con frecuencia, especialmente al anochecer, y parecían tener vida propia. “Eso sí es verdad, porque yo lo vi”, insistió, como si aún necesitara convencerse a sí mismo de que aquello no había sido un sueño.

Pero ahora hay más brujas (simboliza con los dedos dinero), respondió el Sr. Limón, con sarcasmo, en tono de broma. Su comentario, aunque humorístico, refleja cómo el mundo ha cambiado.

El Sr. Mariano Martínez, otro testigo de aquellos tiempos, corroboró la historia. “Todas las tardes, cuando anochecía, se veían las brujas volando cerca de las casas de los trabajadores de la hacienda”, recordó. Para él y sus amigos, estas luces eran un espectáculo. “Nos gustaba salir a mirarlas”, admitió, aunque también reconoció que había un miedo latente en el aire.

“Era muy bonito verlas, cuando íbamos a visitar a los hermanos de mi papá, pasábamos por la calzada de las brujas y toda la piel se me ponía chinita, confirmó el Ejidatario.

 Las Curanderas: ¿Brujas o Sanadoras?

Pero no todo era terror, en la zona que hoy ocupa la Calzada de las Brujas, entre las sombras de los pinos y las luces misteriosas, había un grupo de mujeres que despertaban tanto respeto como temor: las curanderas. “Ahí estaban unas curanderas”, explicó el ejidatario. “Cuando un familiar o un vecino se enfermaba, lo llevaban a ver a las curanderas. También atendían los partos”.

Estas mujeres, que algunos llamaban brujas, eran en realidad sanadoras que utilizaban hierbas y conocimientos ancestrales para curar a los enfermos. Sin embargo, entre los niños, su reputación era más siniestra. “Los chamacos nos espantábamos entre nosotros, decíamos que los iban a llevar a curarse con las brujas”, recordó el Sr. Martínez con una sonrisa.

Estas interesantes y misteriosas anécdotas son las que han dado nombre a esta calle en Coapa

 La Calzada de las Brujas, en la actualidad.

Hoy, la Calzada de las Brujas es una calle más en la vasta red urbana, de la Ciudad de México, con un nombre bastante peculiar. Pero para aquellos que vivieron en aquellos tiempos, el nombre no es solo una curiosidad histórica, sino recuerdos de una niñez y de un pasado lleno de misterios y fenómenos que nunca pudieron explicarse del todo.

Las luces que alguna vez iluminaron los pinos de la Calzada de las Brujas han desaparecido, pero las historias permanecen, alimentando la imaginación de quienes las escuchan.

¿Realidad, Mito o Leyenda?

¿Eran aquellas luces realmente brujas, como creían los habitantes de la Hacienda de Coapa? ¿O se trataba de un fenómeno natural que la ciencia de la época no podía explicar? Lo cierto es que, muchos más de 50 años después, el misterio de la Calzada de las Brujas sigue vivo, recordándonos que, a veces, la realidad puede ser más extraña que la ficción.

Y así, entre recuerdos y susurros, la Calzada de las Brujas sigue siendo un lugar donde el pasado y el presente se entrelazan, dejando una pregunta en el aire: ¿Qué secretos guardan aún aquellos viejos pinos?

6 Comentarios


  1. Susana Correa Moreno

    Que hay de cierto que donde está la escuela Ucrania era panteón y llegaba hasta avenida las brujas?

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  2. Jose Antonio

    De niño vi a una bruja pasar por la ventana seria imaginación? No lo sé pero me levante hacia la ventana y la seguí hasta que se perdió; aun ahora lo recuerdo y me da escalofríos. Eran noches obscuras sigo pensando realidad o imaginación.

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