Las inundaciones que en 2025 están golpeando duramente a la Ciudad de México, en este artículo, nos adentraremos en la situación de Coapa y colonias aledañas de la Ciudad de México —desde Villa Coapa, Prado Coapa y hasta la Espartaco, Jardines de Coyoacán, etc — la fuertes lluvias e inundaciones recientes, no fueron un accidente aislado, ni una simple casualidad climática. Fueron, más bien, la evidencia de una suma de factores que se han repetido en la historia reciente de la capital: lluvias cada vez más intensas por el cambio climático, falta de mantenimiento en el sistema de drenaje y, sobre todo, la obstrucción provocada por toneladas de basura arrojadas irresponsablemente a las calles.

El agua, que debería ser un recurso vital y un ciclo natural en equilibrio, se convirtió en un enemigo que paralizó vialidades, anegó casas y comercios, y dejó pérdidas económicas y sociales. Y si bien es cierto que las autoridades tienen una responsabilidad enorme en la planeación urbana y el mantenimiento de la infraestructura, la realidad es que, sin un cambio en la conducta ciudadana, la tragedia se repetirá una y otra vez.
Todo el tiempo se habla de la responsabilidad de los gobiernos y sus estrategias no cumplidas o insuficientes, eso ya está muy discutido, pero también es importante hablar de la conducta que tenemos los ciudadanos, y de lo que sí podemos cambiar y esto principalmente es, la basura en las calles y su papel directo en las inundaciones. El objetivo es generar conciencia en la comunidad para que dejemos de tirar residuos donde no corresponde y entendamos que cada bolsa abandonada en la banqueta, cada botella arrojada al arroyo, cada envoltura que se lanza desde el coche, tarde o temprano nos regresa en forma de calles colapsadas y casas inundadas.

La Ciudad de México está construida sobre lo que fue una cuenca lacustre. El subsuelo, compuesto de arcillas y limos, tiene muy poca capacidad de absorción natural del agua de lluvia. Esto significa que la urbe depende casi por completo de su sistema de drenaje artificial para evitar inundaciones.
En 2017, un evento crítico dejó en claro la fragilidad de Coapa. El desbordamiento del Río San Buenaventura, sumado a lluvias que superaron en más de 200% la capacidad del drenaje, provocó graves inundaciones en la Glorieta de Vaqueritos y vialidades como Periférico Sur y Calzada de Tlalpan. En ese entonces, el gobierno respondió con obras de desazolve, colectores y rejillas nuevas, lo que dio una tregua de algunos años.
Pero en 2025 la historia volvió a repetirse, esta vez con mayor crudeza. Junio fue catalogado como el mes más lluvioso desde 1941, con un 55.8% más de precipitaciones que el promedio histórico. Los niveles de agua superaron lo que las obras de 2017 podían manejar. Y aunque el clima extremo fue el detonante, la basura fue la gota que derramó el vaso.
Las autoridades de SACMEX y Protección Civil han señalado que entre el 40% y 60% de las inundaciones se deben directamente a la basura que bloquea coladeras y drenajes. Esto significa que, aunque el sistema estuviera en buen estado, no podría cumplir su función si está tapado con bolsas, envases, unicel, llantas y hasta muebles.

Basta recorrer Coapa después de un día de recolección para ver la escena: vecinos que sacan sus bolsas de basura a deshoras, montículos de desechos en las esquinas esperando a que “alguien” los recoja, restos de comida que los perros rompen y dispersan. Todo esto, cuando llega la primera tormenta, termina arrastrado hacia las coladeras. El resultado: el agua no fluye, se estanca y sube hasta que inunda calles enteras.
Es importante subrayar que tirar basura no es un problema de “otros”. Cada envoltura que dejamos caer, cada bolsa que abandonamos en la banqueta, tiene un efecto multiplicador que afecta a toda la comunidad. La irresponsabilidad individual se transforma en un colapso colectivo.

Los expertos de la UNAM han advertido que el cambio climático intensificará los fenómenos extremos. Lluvias más intensas, huracanes más frecuentes y temperaturas más altas son ya una realidad. En este contexto, cada temporada de lluvias será más difícil de manejar.
Esto significa que no podemos seguir confiando en que “las obras” resolverán el problema por sí solas. La infraestructura puede ser reforzada, pero si la ciudadanía sigue arrojando basura, cualquier drenaje, por moderno que sea, terminará colapsando.
En el corto plazo, las brigadas de desazolve y las campañas de limpieza ayudan, pero la solución duradera está en la educación y la corresponsabilidad ciudadana. Necesitamos comprender que:
La comunidad puede organizarse en comités vecinales que promuevan jornadas de limpieza, vigilen que los vecinos respeten los horarios y colaboren con las autoridades para reportar tiraderos clandestinos.

En distintas urbes del mundo se han implementado medidas exitosas para reducir la basura en las calles:
Coapa podría inspirarse en estas experiencias, adaptándolas a nuestra realidad: campañas en escuelas, talleres comunitarios, incentivos para colonias limpias, y sanciones efectivas para quienes insistan en ensuciar.

Claro está, la solución integral no depende solo de la ciudadanía. El gobierno debe invertir en infraestructura adaptada a la nueva realidad climática:
La ciudad no puede seguir viviendo bajo un ciclo de reactividad: esperar a que llegue la tragedia para después buscar culpables. La basura en las calles parece un detalle menor, pero es en realidad el eslabón más débil de toda la cadena, es el lugar a donde muchas personas, se resisten a no ver. No arrojar basura no solo es un acto de civismo: es una medida concreta para evitar que el agua nos arrebate nuestra tranquilidad, nuestros hogares y nuestra seguridad.
La resiliencia de Coapa no depende únicamente de las autoridades, sino de cada vecino y vecina. Si queremos un futuro sin calles inundadas y sin pérdidas, el cambio empieza en la bolsa de basura que hoy decidimos colocar en su lugar correcto y no en la banqueta.
El agua siempre volverá, porque es parte de la naturaleza de esta ciudad construida sobre un lago. Pero la basura que tapa las coladeras sí depende de nosotros. Y en esa decisión cotidiana está la diferencia entre una ciudad que se hunde cada temporada de lluvias y una comunidad que aprende a convivir responsablemente con su entorno.