Estudios Dicen que la Generación Z, Revierte Tendencia a la Alta
Primero, ¿qué es “Generación Z” ?: usualmente se considera que son quienes nacieron entre finales de los 90 y mediados de los 10s (por ejemplo, entre 1995-2005, aunque hay variaciones). Son los jóvenes de ahora, muchos ya adultos jóvenes, otros recién entrando a esa etapa.
Cuando se dice que “la Generación Z está reduciendo el consumo de alcohol”, no siempre significa dejar de beber por completo, sino beber menos, empezar más tarde, tener menos episodios de “embriaguez”, y preferir alternativas o incluso evitar el alcohol en algunas situaciones sociales.
¿Cómo era antes?
Para entender lo que está pasando ahora, conviene ver cómo han sido las actitudes hacia el alcohol y los patrones de consumo en generaciones previas:
Baby Boomers (nacidos aproximadamente 1946-1964): crecieron en épocas en las que el consumo de alcohol estaba más normalizado socialmente, con menos regulaciones (o al menos regulaciones diferentes), menos conciencia de los daños a la salud, publicidad más permisiva, y una cultura del “salir, socializar, beber”.
Generación X (aprox. 1965-1980): comenzó a ver los efectos negativos del alcohol más clara y públicamente, campañas contra el alcoholismo, conciencia de problemas como los accidentes de tráfico, impactos sanitarios, etc. Sin embargo, muchos hábitos —bebidas sociales, consumo frecuente en fiestas, bares, etc.— seguían siendo comunes.
Millennials (aprox. 1981-1996): crecieron con mayor regulación, mayor acceso a información (internet), campañas de salud pública, conciencia ambiental y de salud más fuerte que generaciones anteriores. Aun así, el consumo de alcohol seguía siendo parte importante de la vida social: bares, fiestas, reuniones. También se intensificaban las tendencias de “binge drinking” (atracones de alcohol) en ciertos subgrupos.
Durante gran parte del siglo XX y hasta bien entrado el XXI, las estadísticas mostraban un crecimiento en el consumo per cápita en muchos países, en especial en occidente, con aumentos en frecuencia de beber, en cantidad por ocasión, en las tasas de consumo entre los jóvenes, especialmente en fines de semana y en fiestas. También se asociaba al alcohol con “estatus”, diversión, rito de paso, etc.
¿qué muestran los datos?
Las investigaciones más recientes han detectado una disminución en varios indicadores de consumo de alcohol entre jóvenes de la Generación Z, sobre todo en países de ingresos altos, aunque no necesariamente en todos los contextos.
Conclusiones clave:
Encuestas de salud Estudios como los del National Institute on Drug Abuse en EE.UU. muestran que desde alrededor del año 2000, los jóvenes reportan menor consumo en diferentes escalas: “vida entera” (alguna vez han probado alcohol), consumo en los últimos 12 meses, consumo en el último mes.
Datos de Gallup/Epidemiológicos Una encuesta reciente mostró que el porcentaje de adultos menores de 35 años en EE.UU. que dicen que alguna vez han bebido bajó de ~72 % en los primeros años de los 2000 a ~62 % en 2021-2023.
Estudios de “binge drinking” y episodios de intoxicación En España, un estudio llamado ESTUDES observó que las intoxicaciones etílicas en jóvenes de 14-18 años bajaron del 60.7 % en 2012 al 20.8 % en 2023.
Asimismo, otras investigaciones señalan que quienes beben lo hacen con menor frecuencia, con menores cantidades por ocasión, menos oportunidades para embriagarse.
Preferencias sociales y culturales Estudios de mercado (como los de Mintel) muestran que un porcentaje significativo de jóvenes (por ejemplo entre 18-25 años) prefieren socializar sin alcohol, o no priorizan el gasto en bebidas alcohólicas tanto como generaciones mayores lo hacían.
Cambios en gasto económico Un reporte de Rabobank muestra que los hogares liderados por personas menores de 30 años gastan una proporción menor de sus ingresos en alcohol que hace una década.
Impacto de la pandemia Algunos estudios muestran que parte de la reducción se debe a que durante la pandemia la interacción social disminuyó, los bares cerraron o restringieron su operación, etc. Y algunas de esas nuevas costumbres persistieron.
¿Por qué está pasando este cambio entre la Generación Z?
Aquí vienen las posibles causas, muchas de las cuales interactúan:
Mayor conciencia de salud física y mental Gen Z ha crecido en épocas con más acceso a información médica, redes sociales, debates públicos sobre salud mental, sobriedad, bienestar integral. Beber menos o dejar de beber se ve cada vez más como algo saludable. Evitar resacas, cuidar el cuerpo, evitar efectos negativos en el ánimo, etc.
Normas sociales cambiantes Ya no siempre se espera que “salir” implique beber. Hay menos presión social para tomar alcohol, más aceptación de quienes no lo hacen. El “sober curious” (curiosidad hacia un estilo de vida sin alcohol o con alcohol reducido) se ha vuelto un movimiento visible.
Restricciones legales y regulaciones más estrictas En muchos países hay leyes más duras sobre edad mínima, límites de alcohol en sangre, sanciones por conducir borracho, impuestos, regulación de publicidad. Esto influye especialmente en jóvenes.
Costo de vida y presión económica El alcohol puede ser caro, particularmente salir a bares, beber socialmente, etc. Cuando los jóvenes enfrentan deudas estudiantiles, bajos salarios, altos precios de vivienda, transporte, etc., tienden a recortar gastos no esenciales. Algunos estudios señalan que esta es una razón fuerte.
Disponibilidad de alternativas Hay muchas más bebidas “no alcohólicas”, “low-alcohol”, mocktails, bebidas funcionales, etc. También más espacios sociales que no giran en torno al alcohol. Algunas personas prefieren café, té, bebidas con probióticos, kombucha, etc.
Cambio en cómo socializan los jóvenes / tecnología / estilo de vida digital Puede que pasen más tiempo en casa, en redes sociales, plataformas digitales, streaming, videojuegos, etc. Las formas tradicionales de socializar (fiestas, bares) han cambiado. Menos necesidad de “ponerse ebrio” para pasarla bien.
Cultura de privacidad, conciencia de los riesgos Se habla más de los peligros del alcohol: salud, adicción, enfermedades del hígado, seguridad personal, accidentes, efectos secundarios. También, la gente joven está menos dispuesta a tolerar los efectos negativos que vinieron casi “como parte de la fiesta” en generaciones anteriores.
Beneficios sociales de esta reducción
Que la Generación Z reduzca el consumo de alcohol, o al menos modifique la forma en que lo hace, trae varios beneficios potenciales:
Menos problemas de salud a largo plazo Disminuir el riesgo de enfermedades asociadas al alcohol (hígado, problemas cardiovasculares, cáncer, daño neurológico, etc.). También menos daño mental, menos depresión, ansiedad relacionada al abuso de alcohol.
Menos accidentes y muertes Menos conducción bajo los efectos del alcohol, menos accidentes de tráfico, menos violencia, menos lesiones relacionadas al consumo excesivo.
Ahorro económico personal y colectivo Menos gasto en alcohol significa más recursos para otras necesidades: educación, vivienda, ocio más saludable, ahorro. En términos sociales, menos costos para los sistemas de salud, para los servicios de emergencia, etc.
Mejora del bienestar social y la convivencia Menos embriaguez implica menos conflictos, menos descontrol en fiestas o reuniones, menos comportamientos riesgo, menos vergüenzas o arrepentimientos. Las relaciones personales pueden mejorar. Además, ambientes sociales más inclusivos: quienes no beben ya no son necesariamente marginados.
Impacto positivo en la salud pública Menos consumo significa menor carga sobre servicios médicos, menores daños sociales (por ejemplo violencia, accidentes, enfermedades crónicas), lo que libera recursos para otros ámbitos. Educación, prevención serán más útiles.
Cambio cultural hacia estilos de vida más sostenibles y conscientes Reflexión sobre lo que significa divertirse, socializar, relajarse, etc. Menos normalización del exceso, más valoración de la moderación, del autocuidado, del bienestar. Esto puede tener efectos multiplicadores: jóvenes que adoptan buenos hábitos lo transmiten.
Reducción de inequidades En algunas comunidades donde los daños del alcohol han sido muy fuertes, esta tendencia puede ayudar a disminuir desigualdades en salud, violencia, etc. También podría disminuir la estigmatización de problemas relacionados al alcohol: si beber menos se vuelve más común, menos presión social, menos vergüenza para quienes tienen problemas.
¿Todos los datos apuntan al mismo lado? ¿Limitaciones?
Sí, pero con matices:
La reducción parece más fuerte en jóvenes de países de ingresos altos; en otras regiones los patrones varían.
En algunos lugares el consumo reciente para Gen Z ha tenido repuntes, o se observa un aumento en ciertos tipos de bebida (por ejemplo bebidas alcohólicas “premium”) o en algunos mercados específicos.
También existe el fenómeno de “uso pesado” cuando beben: aunque menos frecuencia, cuando beben algunos pueden hacerlo con intensidad, lo que sigue siendo riesgoso.
Significado real: ¿es reversible o sostenible?
Un punto de debate es si la tendencia es algo temporal (por ejemplo por crisis económicas, pandemias, etc.) o si es algo estructural, que se mantiene a medida que la generación envejece. Algunos investigadores advierten que conforme Gen Z envejezca, su consumo podría “normalizarse” hacia patrones similares a los de generaciones mayores, justo porque muchas responsabilidades sociales cambian, ingresos cambian, entorno cambia. Pero los datos de ahora muestran que ya hay cambios en actitudes que podrían hacer que lo nuevo dure más tiempo.
Datos curiosos que quizá poca gente sepa
Inicio más tardío en probar alcohol En muchas encuestas, los jóvenes de Gen Z reportan que empiezan a consumir alcohol a una edad mayor que generaciones anteriores. Esto implica menos años de consumo acumulado.
Mayores tasas de abstinencia o consumo cero Un porcentaje considerable de jóvenes hoy simplemente no bebe alcohol. En algunos estudios, hasta un tercio de los jóvenes de 18-25 años declara no beber en absoluto.
Mocktails y bebidas sin alcohol como tendencia creciente Locaciones sociales cada vez más ofrecen opciones sin alcohol (mocktails), bebidas “low-proof”, cervezas sin alcohol, etc. Esto hace posible socializar sin beber o con beber muy poco.
“Dry January” y otras prácticas de pausa temporal Hay prácticas como “Enero seco” (“Dry January”), fines de semana sin alcohol, pausas voluntarias que se hacen populares como forma de reset o autocuidado, no necesariamente abstinencia permanente.
Interacción con otras sustancias y decisiones comparativas En algunos contextos, Gen Z sustituye alcohol por otras sustancias (por ejemplo cannabis, donde es legal), o prefiere otras formas de ocio donde el alcohol no tenga un papel central. Pero esto no significa que todos beban otras sustancias, ni que todos lo puedan hacer legalmente.
En el caso de México, la evidencia disponible no permite afirmar con certeza que la Generación Z esté replicando la tendencia internacional de reducción en el consumo de alcohol. Encuestas como la Ensanut Continua 2022 muestran que alrededor del 20 % de los adolescentes son consumidores actuales, y que la prevalencia aumenta considerablemente conforme avanza la edad, alcanzando más del 30 % en jóvenes de 16 a 17 años. Sin embargo, estas cifras por sí solas no reflejan una disminución sostenida en el tiempo ni permiten comparar con claridad los hábitos de esta generación frente a las anteriores.
Algunos estudios señalan cambios en los patrones de consumo, como una menor frecuencia de episodios de ingesta excesiva en comparación con años previos, pero también reportan incrementos en la prevalencia de consumo en ciertos grupos, especialmente mujeres adultas. En otras palabras, en México aún no se puede hablar de una tendencia definida hacia la baja en la ingesta de alcohol entre los jóvenes. La realidad parece más compleja y mixta, y se requiere un seguimiento estadístico más detallado para saber si eventualmente la Generación Z mexicana seguirá la misma ruta que sus pares en otras partes del mundo.
Para los jóvenes y la sociedad en general, este cambio puede verse como algo inspirador: una señal de que es posible adoptar estilos de vida más saludables, más conscientes, donde no esté “obligado” beber para encajar socialmente. Las investigaciones muestran que no solo los porcentajes de quienes beben han bajado, sino la forma en que se bebe: menos frecuencia, menos dosis, menos borracheras, más alternativas saludables o simplemente abstinencia.
Si esta tendencia persiste, los beneficios sociales serán reales: mejor salud, menor riesgo, menor gasto injustificado, mejor convivencia, mayor conciencia colectiva. Pero también depende de factores estructurales: políticas de salud, educación, oferta cultural, normatividad, precios, disponibilidad de alternativas, etc.